Dos definiciones de Economía
martes, 12 de febrero de 2008
viernes, 8 de febrero de 2008
Economía Ecológica: un programa
ECONOMIA ECOLOGICA
PROGRAMA CURSO 2004-2005
PROFESOR : FEDERICO AGUILERA KLINK
"Todo necio confunde valor y precio"
Antonio Machado
OBJETIVOS
Se trata de introducir a los estudiantes en la economía de los sistemas abiertos y en sus
implicaciones. Esto significa que se estudia la economía como un sistema en interacción
con el sistema social y el ambiental. La cuestión central es la revisión conceptual que
esto supone, asumiendo que los conceptos con capacidad explicativa en una economía
de sistema cerrado pierden, en gran medida, esa capacidad en una economía de sistema
abierto. Las leyes de la termodinámica, el funcionamiento de los ecosistemas, el
desarrollo coevolucionista, la huella ecológica, el principio de precaución, la
incertidumbre irreducible y la perspectiva de los problemas ambientales como conflictos
distributivos constituyen los elementos claves para aprender a razonar en términos de
sistemas abiertos, razonamiento que aplicamos a varios casos de estudio.
TEXTOS DE CONSULTA
AGUILERA Y ALCANTARA (1994). De la economía ambiental a la economía
ecológica. Icaria-FUHEM. Madrid.
AGUILERA y otros (1994). Canarias. Economía, Ecología y Medio Ambiente. F.
Lemus. La Laguna.
NAREDO Y VALERO (1999), Desarrollo económico y deterioro ecológico. Fundación
Argentaria-Visor. Madrid.
INTRODUCCION
MORIN (2001), Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Paidós.
Barcelona, pp. 43-56.
MISHAN (1971), Prólogo (pp.13-20) de Los Costes del desarrollo económico. Oikos-
Tau. Barcelona.
1. LA ECONOMIA COMO SISTEMA ABIERTO: CUESTIONES BASICAS
KAPP "El carácter de sistema abierto de la economía", en Aguilera y Alcántara (1994),
pp. 321-342.
VESTER (1997), El futuro del tráfico, pp. 17-24.
ARISTÓTELES. Política. Libro Primero, caps. VIII, IX, X y XI. Alianza Editorial.
NAREDO (1987). Capítulo 9, pp.89-108, de La economía en evolución.
HUETING (1991), Las correcciones en la renta nacional para incluir las pérdidas
ambientales : Una solución práctica para un dilema teórico.
MISHAN (1974), Falacias económicas populares. Páginas 268-276.
2. LA ECONOMIA Y LAS LEYES DE LA TERMODINAMICA
AYRES y KNEESE (1969), "Producción, consumo y externalidades" , en Gallego
Gredilla (1974), Economía del medio ambiente. Instituto de Estudios Fiscales. Madrid.
pp. 203-219 y 235-239.
NAREDO (1999), “Síntesis de la intervención de la especie humana sobre la tierra”,
pp.139-147, en Naredo y Valero (1999).
GEORGESCU-ROEGEN (1994), ¿Qué puede enseñar a los economistas la
termodinámica y la biología?, en Aguilera y Alcántara (1994).
NAREDO Y VALERO (1999), pp. 301-310, y 323.
3.ECONOMIA, ECOSISTEMAS Y DESARROLLO COEVOLUCIONISTA
FARRAS (1980), “Bases ecológicas para una aproximación a la problemática del
medio ambiente”, pp.58-70”, Mientras Tanto No. 5.
RIFKIN (2002), “Ante una auténtica crisis alimentaria global”, El País.
NORGAARD (1984), "El potencial del desarrollo coevolucionista”.
REES (1996), “Indicadores territoriales de sustentabilidad”, Ecología Politica, Nº 12,
pp. 27-40.
MARTINEZ ALIER (1995), “Indicadores de sustentabilidad y conflictos distributivos
ecológicos”, Ecología Política Nº 10, pp.35-43.
4. CIENCIA, INCERTIDUMBRE Y EL PRINCIPIO DE PRECAUCION
BECK (1991), “La irresponsabilidad organizada”, Debats nº 35-36, pp. 31-37.
TICKNER (2002), “Un mapa hacia la toma de decisiones precautoria”, en El principio
de precaución, pp.41-82. Riechman y Tickner (coords.). Icaria. Barcelona.
FUNTOWICZ y RAVETZ (1997), “Problemas ambientales, ciencia post-normal y
comunidades de evaluadores extendidas”, pp.151-160 de Ciencia, tecnología y
sociedad. González, López y Luján (editores). Ariel. Barcelona.
MORIN (2001), pp.129-141.
5. PERSPECTIVAS PARA UNA SOCIEDAD SOSTENIBLE : ALGUNOS
CASOS DE ESTUDIO
AGUILERA y otros (1994), "¿Hacia una sociedad sostenible?: Naturaleza y sociedad
en Canarias", en Canarias, Economía, Ecología y Medio Ambiente, pp. 295-342.
Video. El Puerto de Granadilla.
ESTEVAN (1995), "Una primera aproximación a las cuentas del transporte en España a
la luz de la economía ecológica", Archipiélago No. 21, pp. 91-114.
VESTER (1997). El futuro del tráfico, pp.27-39.
CRITERIOS DE EVALUACION
Mediante la discusión de lecturas en clase. Para aprobar por curso, se exige la
participación en, al menos, el 80 por ciento de las lecturas. Se entiende por participar en
clase, mostrar la capacidad de razonar, reflexionar y ordenar ideas sobre los argumentos
y conceptos desarrollados por los diferentes autores. No se trata de dar la razón a los
autores sistemáticamente (ni de oponerse a ellos) sino de utilizar sus textos para
aprender a pensar. También tendré en cuenta las preguntas que, de manera aleatoria, iré
haciendo para ser respondidas por escrito. Los estudiantes que no alcancen el 80 por
ciento de participación irán al examen final.
Horario de Consultas: Se dará al comenzar el curso, el primer día de clase.
En:
http://www.google.com.sv/search?hl=es&q=economia+ecologica+programa&lr=
miércoles, 6 de febrero de 2008
Prólogo de 1859
"CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA " 1859
Karl Marx
Estudio el sistema de la economía burguesa por este orden: capital, propiedad del suelo, trabajo asalariado, Estado, comercio exterior, mercado mundial.
Bajo los tres primeros títulos, investigo las condiciones económicas de vida de las tres grandes clases en que se divide la moderna sociedad burguesa; la conexión entre los tres títulos restantes salta a la vista.
La primera sección del libro primero, que trata del capital, contiene los siguientes capítulos: 1. La mercancía; 2. El dinero o la circulación simple; 3. El capital en general. los dos primeros capítulos forman el contenido del presente fascículo.
Tengo ante mí todos los materiales de la obra en forma de monografías, redactadas, con grandes intervalos de tiempo para el esclarecimiento de mis propias ideas y no para su publicación; la elaboración sistemática de todos estos materiales con arreglo al plan apuntado, dependerá de circunstancias externas.
Aunque había esbozado una introducción general, prescindo de ella, pues, bien pensada la cosa, creo que el adelantar los resultados que han de demostrarse, más bien sería un estorbo, y el lector que quiera realmente seguirme deberá estar dispuesto a remontarse de lo particular a lo general.
En cambio, me parecen oportunas aquí algunas referencias acerca de la trayectoria de mis estudios de economía política.
Mis estudios profesionales eran los de Jurisprudencia, de la que, sin embargo, sólo me preocupé como disciplina secundaria, al lado de la filosofía y de la historia.
En 1842-1843, siendo redactor de la Rheinische Zeitung, me ví por vez primera en el trance difícil de tener que opinar acerca de los llamados intereses materiales. Los debates de la Dieta renana sobre la tala furtiva y la parcelación de la propiedad del suelo, la polémica oficial mantenida entre el señor Von Schaper, a la sazón gobernador de la provincia renana, y la Rhinische Zeitung, sobre la situación de los campesinos del Mosela, fue lo que me movió a ocuparme por vez primera de cuestiones económicas.
Por otra parte, en aquellos tiempos en que el buen deseo de “marchar a la vanguardia” superaba con mucho el conocimiento de la materia, la Rheinische Zeitung dejaba traslucir un eco del socialismo y del comunismo francés, teñido de un tenue matiz filosófico. Yo me declaré en contra de aquellas chapucerías, pero confesando al mismo tiempo francamente, en una controversia con la Allgemeine Augsburger Zeitung, que mis estudios hasta entonces no me permitían aventurar ningún juicio acerca del contenido propiamente dicho de las tendencias francesas.
Lejos de esto, aproveché ávidamente la ilusión de los gerentes de la Rheinische Zeitung, quienes creían que suavizando la posición del periódico iban a conseguir que se revocase la sentencia de muerte ya decretada contra él, para retirarme de la escena pública a mi cuarto de estudio.
Mi primer trabajo, emprendido para resolver las dudas que me asaltaban, fue una revisión crítica de la filosofía hegeliana del derecho, trabajo cuya introducción vio la luz en los Deutsch-Franzosische Jahrbücher, publicados en París en 1844.
Mis investigaciones desembocaban en el resultado que sigue:
Tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política.
En Bruselas, adonde me trasladé en virtud de una orden de destierro dictada por el señor Guizot, hube de proseguir mis estudios de economía política, comenzados en París.
El resultado general a que llegué, y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así:
- En la producción social de su existencia, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.
- El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva un edificio [Uberbau] jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.
- El modo de producción de la vida material determina [bedingen] el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.
- Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí.
- De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se revoluciona, más o menos rápidamente, todo el inmenso edificio erigido sobre ella.
- Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el comentario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.
- Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua.
- Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.
- A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas progresivas de la formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal, y el moderno burgués.
- Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por tanto, la prehistoria de la sociedad humana.
Friedrich Engels, con el que yo mantenía un constante intercambio escrito de ideas desde la publicación de su genial bosquejo sobre la crítica de las categorías económicas, en los Deutsch-Franzoisische Jahrbücher, había llegado por distinto camino (Véase su libro La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra) al mismo resultado que yo.
Y cuando en la primavera de 1845 se estableció también en Bruselas, acordamos contrastar conjuntamente nuestro punto de vista con el ideológico de la filosofía alemana. En el fondo, deseábamos liquidar nuestra conciencia filosófica anterior. El propósito fue realizado bajo la forma de una crítica de la filosofía posthegeliana.
El manuscrito -dos gruesos volúmenes en octavo- llevaba ya la mar de tiempo en Westfalia, en el sitio en que había de editarse, cuando nos enteramos de que nuevas circunstancias imprevistas impedían su publicación. En vista de esto, entregamos el manuscrito a la crítica roedora de los ratones, muy de buen grado, pues nuestro objeto principal: esclarecer nuestras propias ideas, estaba conseguido.
Entre los trabajos dispersos en que por aquel entonces expusimos al público nuestras ideas, bajo unos u otros aspectos, sólo citaré el Manifiesto del Partido Comunista, redactado en colaboración con Engels, y mi Discurso sobre el Libre Cambio.
Los puntos decisivos de nuestra concepción fueron expuestos por vez primera, científicamente, aunque sólo en forma polémica, en mi escrito Miseria de la Filosofía, publicada en 1847 y dirigida contra Proudhon.
La publicación de un estudio escrito en alemán sobre el Trabajo Asalariado, en el que recogía las conferencias dictadas por mí en la Asociación obrera alemana de Bruselas, fue interrumpida por la revolución de Febrero, que trajo como consecuencia mi alejamiento forzoso de Bélgica.
La publicación de la Neue Rheinische Zeitung, en 1844-1849, y los acontecimientos posteriores, interrumpieron mis estudios económicos, que no pude reanudar hasta 1850, en Londres. Los inmensos materiales para la historia de la economía política acumulados en el British Museum, la posición tan favorable que brinda Londres para la observación de la sociedad burguesa, y, finalmente, la nueva fase de desarrollo en que parecía entrar ésta con el descubrimiento de oro de California y de Australia, me impulsaron a volver a empezar desde el principio, abriéndome paso de un modo crítico, a través de los nuevos materiales. estos estudios me llevaban, a veces, por sí mismos, a campos aparentemente alejados en los que tenía que detenerme durante más o menos tiempo. pero fue la imperiosa necesidad de ganarme la vida lo que redujo el tiempo de que disponía.
Mi colaboración desde hace ya ocho años en el primer periódico anglo-americano, el New York Tribune, me obligaba a desperdigar extraordinariamente mis estudios, ya que sólo en casos excepcionales me dedico a escribir crónicas periodísticas. Los artículos sobre los acontecimientos más salientes de Inglaterra y el continente formaban una parte tan importante de mi colaboración, que esto me obligaba a familiarizarme con una serie de detalles de carácter práctico situados fuera de la órbita de la ciencia económica propiamente dicha.
Este esbozo sobre la trayectoria de mis estudios en el campo de la economía política tiende simplemente a demostrar que mis ideas, cualquiera que sea el juicio que merezcan, y por mucho que choquen con los prejuicios interesados de las clases dominantes, son el fruto de largos años de concienzuda investigación.
Y a la puerta de la ciencia, como a la puerta del infierno, debiera estamparse esta consigna:
Qui si convien lasciare ogni sospetto
Ogni viltá convien che qui sia morta
“Abandónese aquí todo recelo. Mátese aquí cualquier vileza”. (Dante).
Karl MARX
Londres, enero de 1859.
martes, 5 de febrero de 2008
Nota sobre Indices de Precios
lunes, 4 de febrero de 2008
Banco Mundial: una reseña
El Banco Mundial, abreviado como BM (en inglés: World Bank) es uno de los organismos especializados de las Naciones Unidas. Su propósito declarado es reducir la pobreza mediante préstamos de bajo interés, créditos sin intereses a nivel bancario y apoyos económicos a las naciones en desarrollo. Está integrado por 185 países miembros. Fue creado en 1944 y tiene su sede en la ciudad de Washington, Estados Unidos.
En 1944, en el marco de las negociaciones previas al término de la Segunda Guerra Mundial, nace lo que a la postre se conocería como el sistema financiero de Bretton Woods (llamado así por el nombre de la ciudad en New Hampshire, sede de la conferencia donde fue concebido) integrado por dos instituciones, fundamentales para entender las políticas de desarrollo que tuvieron lugar a partir de la segunda mitad del siglo XX: el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Concebido el primero, en un principio, con el fin de ayudar a las naciones europeas en la reconstrucción de las ciudades durante la posguerra, poco a poco fue ampliando sus funciones, creándose más organismos que funcionarían paralelamente a este, integrando lo que hoy conocemos como el Grupo del Banco Mundial (GBM).
La organización tiene oficinas en 109 países y más de 10.000 empleados en nómina. El monto de la asistencia del Banco Mundial a los países en desarrollo para el año 2002 fue de 8.100 millones de dólares estadounidenses y 11.500 millones adicionales en créditos otorgados para un período de 35 a 40 años, con 10 años adicionales de gracia.
Integración
El Grupo del Banco Mundial está integrado por:
El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, 184 países miembros).
Creado en 1945, tiene como objetivo lograr la reducción de la pobreza en los países en vías de desarrollo y de mediano ingreso con capacidad crediticia, brindándoles asesoría financiera en materia de gestión económica. Sin duda alguna es la principal rama del GBM, debiéndose pertenecer a él para poder ser miembro de cualquiera de los siguientes organismos.
La Asociación Internacional de Fomento (AIF, 164 países miembros).
Creada en 1960, está constituida por 164 países, quienes realizan aportaciones que permiten que el Banco Mundial (BM) proporcione entre 6,000 y 7,000 mdd anuales en crédito, casi sin intereses, a los 78 países considerados más pobres. La AIF juega un papel importante porque muchos países, llamados “en vías de desarrollo”, no pueden recibir financiamientos en condiciones de mercado. Esta proporciona dinero para la construcción de servicios básicos (educación, vivienda, agua potable, saneamiento), impulsando reformas e inversiones destinadas al fomentar el aumento de la productividad y el empleo.
La Corporación Financiera Internacional (CFI, 178 países miembros).
Creada en 1956, esta corporación esta encargada de promover el desarrollo económico de los países a través del sector privado. Los socios comerciales invierten capital por medio de empresas privadas en los países en desarrollo. Dentro de sus funciones se encuentra el otorgar préstamos a largo plazo, así como dar garantías y servicios de gestión de riesgos para sus clientes e inversionistas.
El Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (OMGI, 162 países miembros).
Creado en 1988, este organismo tiene como meta promover la inversión extranjera en países subdesarrollados, encargándose de otorgar garantía a los inversionistas contra pérdidas ocasionadas por riesgos no comerciales como: expropiación, inconvertibilidad de moneda, restricciones de transferencias, guerras o disturbios.
El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI, 134 países miembros).
Creado en 1966, este organismo esta constituido por 133 países. El CIADI tiene como meta principal cuidar la inversión extranjera en los países, al proporcionar servicios internacionales de conciliación y arbitraje de diferencias, relativas ese rubro. Esta institución cuenta con una fuerte área de investigación que publica temas sobre legislación internacional y nacional (de acuerdo al país), en materia de inversiones.
La CFI y el OMGI, cuentan a su vez con la Oficina del Ombudsman y Asesor (CAO *) que tiene funciones de asesoría independiente y de atención de las reclamaciones formuladas por comunidades afectadas.
Junta de gobernadores
Cada país miembro esta representado en la Junta de Gobernadores[1] , ellos tienen la facultad para tomar las de decisiones finales del Banco. Dentro de sus funciones se encuentra admitir o suspender a países miembros, hacer autorizaciones financieras y presupuestos, así como determinar la distribución de los ingresos del BIRF.
Los gobernadores se reúnen anualmente o cuando una mayoría representante, por lo menos dos tercios de los votos totales, lo requiera. La duración de su cargo se estipula por cinco años con derecho a la reelección. La Junta participa junto con los Directores Ejecutivos en la elección del presidente del Banco.
La Junta de Gobernadores delega la responsabilidad de proyectos y decisiones a los Directores Ejecutivos con excepción de: admitir nuevos miembros, aumentar o disminuir el capital por acciones del Banco, suspender a un miembro, y determinar la distribución de las entradas netas al Banco.
Directorio Ejecutivo
Los Directores Ejecutivos tienen como meta desarrollar los proyectos y llevar a cabo la operación y conducción del Banco. El Directorio esta constituido por 12 Directores Ejecutivos titulares y 12 suplentes (estos últimos participan en la toma de decisiones, pero no tienen derecho a voto), su elección se da cada dos años.
Cinco Directores son designados por los cinco países miembros que tienen mayor número de acciones. Siete Directores son elegidos por la Junta de Gobernadores.
Presidente
El presidente del BM es elegido por el Directorio Ejecutivo, y preside al mismo, pero sin derecho a voto. Dentro de sus funciones se encuentra conducir los negocios, organizar, nombrar y remocionar a funcionarios y empleados del Banco, jugando un papel de jefe de personal.[2]
Consejo Consultivo
Dentro de la estructura del Banco se encuentra el Consejo Consultivo integrado por un mínimo de siete personas nombradas por la Junta de Gobernadores. A este se integran intereses bancarios, comerciales, industriales, agrícolas y del trabajo con el fin de asesorar al Banco en asuntos de política general. Estos consejeros mantienen el cargo durante dos años con derecho a reelección.
Dinero
Todos los componentes del Grupo del Banco Mundial son propiedad de los países miembros. Cuando un país se incorpora al Banco garantiza una suscripción de capital, pagando sólo un pequeño porcentaje de dicha garantía. El resto del dinero es pagadero a la vista y sirve de garantía blindada, es decir, asegura el pago de la deuda. La suscripción de capital asignada es proporcional a la riqueza del país.
Los miembros del Banco se dividen en dos categorías, países desarrollados (Parte I), y países prestatarios (Parte II), según los estándares de la AIF.
La mayoría de los fondos del Banco disponibles para préstamos no proceden de las suscripciones de capital. El dinero proviene de las ventas de sus propios bonos en los mercados financieros mundiales. Después carga a sus prestatarios un tipo de interés ligeramente superior al que debe pagar a sus propios accionistas. Los bonos del Banco al estar garantizados en última instancia por los gobiernos del mundo, se consideran como inversiones notablemente sólidas. Algunos inversionistas privados e institucionales tienen acceso a la compra de estos bonos.
Votación
Las suscripciones de capital, como ya dijimos, son proporcionales a la riqueza de cada país determinando el número de votos de cada uno de estos: por ejemplo, a la fecha, EE.UU.A. controla el 16.39% de los votos; Japón el 7.86%, Alemania 4.49%, Francia 4.30%, Italia 4.30% y Gran Bretaña el 4.30%. En contraste 24 países africanos controlan juntos sólo el 2.85% del total.
Extractado de:
http://es.wikipedia.org/wiki/Banco_Mundial
Definición de Economía
La economía (griego: οἰκονομία, 'administración de una casa o familia' ‘de οἶκος (casa, en el sentido de patrimonio)’ y νέμω (administrar)’)? es una ciencia social que estudia los procesos de producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios. Según otra de las definiciones más aceptadas, propia de las corrientes marginalistas o subjetivas, la ciencia económica analiza el comportamiento humano como una relación entre fines dados y medios escasos que tienen usos alternativos. Esta definición, propuesta por Lionel Robbins en 1932.
Objeto de estudio
Su objeto de estudio es la actividad humana y, por tanto, es una ciencia social. Las ciencias sociales se diferencian de las ciencias puras o naturales en que sus afirmaciones no pueden refutarse o convalidarse mediante un experimento en laboratorio y, por tanto, usan una diferente modalidad del método científico.De aca su complejidad y alto nivel de imprecisión, valiéndose de las aproximaciones o por lo menos definiendo la tendencia en el comportamiento de las variables económicas, es arriesgado aventurarse a predecir con una precisión cercana al 100%, el sujeto de estudio "el sujeto económico" es altamente dinámico y cambiante, dejando muchas veces brechas en los estudios realizados. Sin embargo, la economía posee un conjunto de técnicas propias de los economistas científicos. John Maynard Keynes define la economía como "un método antes que una doctrina, un aparato mental, una técnica de pensamiento que ayuda a su poseedor a esbozar conclusiones correctas". Tales técnicas son la teoría económica, la historia económica y la economía cuantitativa, incluida las novedosas econofísica y neuroeconomía. También conviene referirse a los conceptos de teoría positiva y teoría normativa. No todas las afirmaciones económicas son irrefutables, sino que ciertos postulados pueden verificarse, esto es, puede decirse que "son" y, cuando eso ocurre, se habla de economía positiva (véase por ejemplo positivismo). Por el contrario, aquellas afirmaciones basadas en juicios de valor, que tratan de lo que "debe ser", son propias de la economía normativa y, como tales, no pueden probarse. La economía se mueve constantemente entre ambos polos.
La ciencia económica está justificada por el deseo humano de satisfacer sus propios fines. Este aspecto de la definición propuesta por Robbins es discutible y probablemente es el que menos se ha desarrollado en toda la historia del análisis económico salvo, acaso, por la Escuela Austríaca y especialmente por Ludwig von Mises. En ocasiones, al definir la economía se ha sustituido el término fines por el de necesidades humanas, y se ha dicho de ellas que son ilimitadas. Hasta el momento la economía no se ha ocupado en exceso de determinar cómo se forman las necesidades humanas ni de si son ilimitadas o no, y para ello debería avanzar en el desarrollo de la antropología y la sociología económicas.
La materia prima de trabajo de los economistas es el conjunto de recursos escasos que pueden satisfacer usos alternativos. Los recursos al alcance del hombre para satisfacer sus necesidades son escasos o, al menos, la economía sólo se ocupa de aquellos que lo son y, como tales, existe la necesidad de seleccionar entre ellos para satisfacer fines alternativos. Si un recurso no es escaso o tiene un único fin, no está justificado su tratamiento desde el punto de vista económico, a menos que pretenda asignársele otra utilidad. Al decidir si un recurso se asigna a la producción de un bien o servicio determinado, se está asumiendo el coste de no poder usar ese recurso para la producción de otros bienes y servicios. Este concepto de coste, más allá del puro concepto monetario, es propio de los economistas y se conoce como coste de oportunidad. Para asignar los recursos debe existir un criterio que permita hacerlo de la manera más eficiente posible, y la economía trata de aportar criterios racionales para la asignación de los recursos a la producción de bienes y servicios.
La Economía como Ciencia
Antes de definir la economía como ciencia es necesario mencionar que en la economía hay diferentes puntos de vista, según el enfoque que se adopte. Sin embargo, destacan dos: el enfoque objetivo y el enfoque subjetivo; por lo tanto, sobresalen la definición objetiva y la definición subjetiva, que refieren a dos teorías del valor (objetivo y subjetivo, correspondientemente).
Definición objetiva, marxista
La definición clásica de la corriente objetiva es de Friedrich Engels, quien señala: "La economía política es la ciencia que estudia las leyes que rigen la producción, la distribución, la circulación y el consumo de los bienes materiales que satisfacen necesidades humanas.". Karl Marx a su vez señala que la economía es "la ciencia que estudia las relaciones sociales de producción". También se le llama "la ciencia de la recta administración". La corriente objetiva se basa en el materialismo histórico, se refiere al concepto del valor-trabajo, por el que el valor tiene su origen objetivo en la cantidad de trabajo requerido para la obtención de los bienes. Y es histórico porque concibe el capitalismo como una forma u organización social correspondiente a un determinado momento histórico. Esta definición ha engendrado una corriente de pensamiento económico que hoy día se le conoce como la Economía Política.
Definición subjetiva, marginalista
La definición clásica de la orientación subjetivista es de Lionel Robbins, quien afirma: "La economía es la ciencia que se encarga del estudio de la satisfacción de las necesidades humanas mediante bienes que, siendo escasos, tienen usos alternativos entre los cuales hay que optar".
Definición Sistémica
Desde otro punto de vista la economía puede ser observada como un ámbito de comunicación bien definido. Esto significa que la economía es el medio de comunicación en el cuál se forman los sistemas económicos. En esta perspectiva los sistemas económicos son sistemas sociales en los cuáles las comunicaciones que se reproducen son comunicaciones sobre compensaciones o pagos. Aquellas comunicaciones que tienen sentido económico, se reproducen en los sistemas económicos, aquellas que no tienen sentido, se rechazan.
Esta visión sociológica de la economía posibilita comprender la economía como un aspecto integral de la sociedad y que todo esto tiene relación con la mercadotecnia.
Tomado de:
http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa
Nota nuestra:
La definición sistémica no sabemos de donde la sacan. La economía como comunicación nos parece una definición poco consistente y probablemente arbitraria. El sistema social, no es estrictamente el sistema de comunicación, aún concebido en sentido amplio, como cultura. La de Marx y la de Marshall, incluso la de Robbins son también definiciones sociológicas de la Economía.
Una clásica definición de Economía
Esta definición se refiere puntualmente a un solo aspecto de la economía, al microeconómico.
Además de estudiar la conducta humana, vá mas allá, en el sentido que estudia un aspecto de la realidad social, comportamientos e implicaciones a nivel agregado o macroeconómico.
Se puede decir que la escuela conocida como la Economía del Bienestar se refiere al concepto de economía como el estudio de las condiciones bajo las cuales se puede maximizar el bienestar de una comunidad, y la elección de las acciones necesarias para llevarlo a cabo. Ésta definición le otorga a la ciencia económica un mayor contenido normativo, por oposición a la definición de Robbins, según la cual la economía es una ciencia eminentemente positiva.
La ciencia económica, como disciplina que estudia la conducta de seres humanos en relación mutua, debe considerarse como una ciencia social, es decir, no es una ciencia exacta, por lo tanto, no bastan las demostraciones lógicas o matemáticas para aceptar que sus postulados se verifican en la realidad.
Hay en la teoría económica presencia de pensamientos complejos, nociones alternativas y disímiles, ideas sobre la articulación entre lo social, lo político y lo económico (Follari 2002). Es por esto que muchos economistas reciben críticas por formular propuestas que parecen tener un carácter dogmático, ya que enuncian sus conclusiones como leyes universales. Las críticas provienen principalmente de científicos de otras ramas, como filósofos o investigadores epistemológicos, pero también desde economistas.
Tomado de:
http://www.econlink.com.ar/definicion/economia.shtml
jueves, 31 de enero de 2008
Contenido de la Ciencia Económica
§ 1. El objeto de este ensayo es exponer la naturaleza y la significación de la Ciencia Económica.
Su primera tarea es, pues, delimitar el contenido de la Ciencia Económica, ofrecer una definición útil de lo que trata la Economía.
Por desgracia, no es tan sencillo como parece.
Los esfuerzos de los economistas durante los últimos ciento cincuenta años han logrado establecer un conjunto de generalizaciones cuya exactitud e importancia medular sólo discuten los ignorantes o los perversos; pero no han logrado la unanimidad en cuanto a la naturaleza última de la materia común de esas generalizaciones. Los capítulos centrales de las obras clásicas de Economía presentan, con muy ligeras variantes, los principios fundamentales de la ciencia; mas los que explican el objeto de la obra todavía presentan grandes divergencias. Todos hablamos de lo mismo, si bien no nos hemos puesto todavía de acuerdo sobre el objeto de nuestra conversación.(1)
En modo alguno es esto una condición vergonzosa o imprevista. Ya Mill hizo notar hace cien años que casi siempre la definición de una ciencia se logra después de crearla y no antes. "A semejanza de la muralla de una ciudad, de ordinario se ha levantado no para servir de receptáculo a los edificios que pudieran erigirse después, sino para circunscribir a los que ya existen."(2) En efecto, la naturaleza misma de una ciencia impone la necesaria imposibilidad de definir su alcance hasta que no llegue a una cierta etapa de su desenvolvimiento, pues su unidad sólo se manifiesta en la de los problemas que puede resolver, unidad que no se descubre hasta haber quedado establecida la interconexión de sus principios explicativos.(3)
La Economía moderna nace de varios campos distintos de investigaciones prácticas y filosóficas: de investigaciones sobre la balanza de comercio, de discusiones acerca de la legitimidad del interés.(4) Y sólo en la última época ha llegado a tener suficiente unidad para descubrir la identidad de los problemas comunes a esas investigaciones diversas. Antes, todo intento para descubrir la naturaleza última de la ciencia estaba condenado por fuerza al fracaso. Intentarlo hubiera sido perder el tiempo en vano.
Pero ensayar una delimitación precisa, una vez alcanzado este grado de unificación, no es ya perder el tiempo; se perdería dejándolo de hacer. Sólo un objetivo preciso puede hacer viable la nueva elaboración. La reflexión ingenua no puede sugerir ya los problemas; los indican los vacíos en la unidad de la teoría, las insuficiencias de sus principios explicativos. Se halla uno expuesto a seguir senderos falsos si no se ha entendido en qué consiste esa unidad. Apenas puede caber duda de que uno de los peligros mayores que acechan al economista moderno es la preocupación por las cuestiones ajenas, la multiplicación de actividades que no tienen conexión alguna, o la tienen escasa, con la solución de los problemas estrictamente relacionados con su materia.(5) Asimismo es indudable que la solución de los problemas teóricos centrales se alcanza con mayor rapidez en aquellos centros en que las cuestiones de esta clase están por liquidarse. Más aún, si estas soluciones han de aplicarse con fruto, si hemos de entender con corrección el alcance práctico de la Ciencia Económica, es esencial que conozcamos con exactitud los supuestos y limitaciones de las generalizaciones que establece. Es con una conciencia tranquila, pues, como podernos adelantar hacia lo que, a primera vista, parece ser el problema muy académico de encontrar una fórmula para describir el contenido general de la Economía.
§ 2. La definición de la Economía que lograría más adeptos, por lo menos en los países anglosajones, es la que la relaciona con el estudio de las causas del bienestar material.
Es el elemento común a las definiciones de Cannan (6) y de Marshall (7) y elemento que aun Pareto, cuyo análisis (8) es tan diferente en diversos aspectos al de aquellos dos economistas ingleses, sanciona usándolo. También se encuentra implícito en la definición de J. B. Clark.(9)
Y, a primera vista, debe admitirse que, en efecto, parece que tuviéramos con ella una definición que para fines prácticos describe lo que nos interesa. Es indudable que la palabra "económico" se usa en el lenguaje ordinario en un sentido equivalente a "material". Basta reflexionar en el significado corriente de frases como "historia económica",(10) "un conflicto entre ventajas económicas y políticas", para comprender cuán razonable pudiera parecer esta interpretación. Sin duda existen algunas cuestiones que quedan fuera de la definición y que, sin embargo, parecen caer dentro del campo de la Ciencia Económica; aun cuando, a primera vista, bien parece que se asemejan a los casos marginales inevitables en toda definición.
La prueba final de la validez de una definición no es, sin embargo, su aparente armonía con ciertos usos del lenguaje diario, sino su capacidad para describir exactamente el verdadero objeto de las principales generalizaciones de la ciencia.(11) Y cuando sometemos esa definición a esta prueba se ve que tiene deficiencias que, lejos de ser marginales o subsidiarias, equivalen nada menos que a una completa incapacidad para exhibir el alcance o el significado de las generalizaciones más centrales de todas.
Tomemos, por ejemplo, alguna de las divisiones principales de la Economía teórica y veamos hasta qué punto la comprende la definición que examinamos. Todos estaríamos de acuerdo, por ejemplo, en que una teoría de los salarios es parte integrante de cualquier sistema de análisis económico. ¿Podemos estar satisfechos con el supuesto de que los fenómenos de que ha de ocuparse quedan bien descritos diciendo que encajan en el aspecto más material del bienestar humano?
Los salarios, en el estricto sentido de la palabra, son sumas que se obtienen por la ejecución de un trabajo bajo la vigilancia de un patrón y de acuerdo con una tarifa estipulada. En el sentido más vago en que a menudo se usa el término en el análisis económico general, equivale a ingresos provenientes del trabajo, pero no de ganancias. Ahora bien, es completamente exacto que algunos salarios son el precio de un trabajo que puede describirse como conducente al bienestar material, los salarios de un pocero, por ejemplo; pero no es menos exacto que algunos salarios, los de los miembros de una orquesta, por ejemplo, se pagan por un trabajo que no tiene ni la más remota conexión con el bienestar material. No obstante, tanto un grupo de servicios como el otro exigen un precio y caen dentro del círculo del cambio. La teoría de los salarios es tan aplicable para la explicación del último caso, como lo es para la del primero. No se limita a explicar los que se pagan por un trabajo que contribuya al aspecto "más material" del bienestar humano, cualquiera que sea el significado de la expresión.
El problema no se resuelve si del trabajo por el que se pagan salarios pasamos a las cosas en que se gastan. Podría afirmarse que la teoría de los salarios queda incluida dentro de la definición no porque lo que produce el asalariado conduce al bienestar material de otras personas, sino porque lo que obtiene le asegura su propio bienestar; pero esto no resiste el análisis ni un instante. El asalariado puede comprar pan con su salario; mas puede también comprar un billete para asistir a un espectáculo teatral. Sería intolerable una teoría de los salarios que desconociera todas las sumas que se pagan por servicios "inmateriales" o que se gastan en propósitos "inmateriales". El círculo del cambio quedaría roto sin remedio. El proceso todo del análisis general no podría emplearse nunca. Es imposible concebir generalizaciones de alguna significación respecto a un campo delimitado en forma tan arbitraria.
No es probable que ningún economista serio haya intentado delimitar la teoría de los salarios de ese modo, por grande que haya sido su tentación de delimitar en esa forma todo el cuerpo de generalización del que ella forma parte. Sin embargo, se ha ensayado negar la aplicabilidad del análisis económico al estudio de la consecución de propósitos diversos del bienestar material. Un economista de la talla del profesor Cannan afirma que la economía política de la guerra es "una contradicción en los términos"(12) basándose, al parecer, en que aquélla se ocupa de las causas del bienestar material y en que la guerra no es fuente de éste, razón por la cual no puede ser objeto de estudio de la ciencia económica. Las censuras del profesor Cannan pueden aceptarse como un juicio moral sobre los usos que se dan al conocimiento abstracto; pero es bien claro, como los propios actos del profesor Cannan lo han demostrado, que lejos de que la Economía no arroje luz sobre la prosecución eficaz de la guerra moderna, es muy dudoso que quienes organizan ésta puedan prescindir de aquélla. Es una curiosa paradoja que esa afirmación del profesor Cannan ocurra en una obra que, como ninguna otra publicada en lengua inglesa, hace uso del instrumental del análisis económico para aclarar varios de los más urgentes e intrincados problemas de una comunidad organizada para la guerra.
Esta costumbre de los economistas ingleses modernos de definir la Economía como el estudio de las causas del bienestar material resulta tanto más curiosa si recordamos la unanimidad con que han adoptado una definición no material de la "productividad".
Se recordará que Adam Smith distinguía entre trabajo productivo e improductivo según que los esfuerzos en cuestión se tradujeran o no en la producción de un objeto material tangible. "El trabajo de algunas de las clases más honorables de la sociedad, como el de los sirvientes, no produce valor alguno y no se adhiere o plasma en un objeto permanente o en una mercancía que pueda venderse y que perdure más allá del tiempo en que el trabajo se realiza... El soberano, por ejemplo, y todos los funcionarios tanto civiles como militares que trabajan a sus órdenes, son trabajadores improductivos... En el mismo rango deben clasificarse varias de las profesiones más graves e importantes y algunas de las más frívolas: sacerdotes, abogados, médicos, hombres de letras de todas clases; jugadores, bufones, músicos, cantantes, bailarines, etc..."(13)
Los economistas modernos, y principalmente el profesor Cannan,(14) han rechazado esta concepción de la productividad como inadecuada.(15) El trabajo de los cantantes y bailarines debe considerarse como "productivo" en la medida en que sea objeto de demanda, ya sea privada o colectiva. ¿Pero productivo de qué? ¿Acaso del bienestar material porque anima a los negociantes y hace acumular nuevas energías para organizar la producción de lo material? Por ahí se llega al diletantismo y al Wortspielerei. Es productivo porque tiene un valor, porque tiene una importancia específica para varios "sujetos económicos".
La teoría moderna se halla tan lejos del punto de vista de Adam Smith y de los fisiócratas, que el epíteto de productivo se niega aun a la producción de objetos materiales, si carecen de valor. A la verdad, ha ido aún más lejos. El profesor Fisher, entre otros, ha demostrado concluyentemente (16) que el ingreso derivado de un objeto material debe considerarse en último análisis como de uso "inmaterial". Tanto de mi casa como de mi ayuda de cámara, como de los servicios de un cantante, derivo un ingreso que "perece en el momento de su producción".
Pero si esto es así, ¿no resulta equívoco seguir definiendo la Economía como el estudio de las causas del bienestar material? Los servicios de una bailarina son riqueza. La Economía trata del precio que tienen esos servicios, al igual que del que tienen los de una cocinera. La Economía, cualquiera que sea su objeto, no estudia las causas del bienestar material como tales.
Las razones principales de la persistencia de esta definición son, sobre todo, de carácter histórico. Es el último vestigio de la influencia fisiocrática. Generalmente los economistas ingleses no se interesan por las cuestiones de método y ámbito. Tal vez ha sido tomada en el noventa por ciento de los casos de alguna obra anterior sin someterla a crítica alguna. Su retención en el caso del profesor Cannan, sin embargo, se debe a causas más positivas, por lo que resulta muy instructivo seguir la pista al proceso del razonamiento que la ha hecho admisible aun a ese intelecto tan penetrante y tan agudo.
La razón fundamental de toda definición suele encontrarse en el uso que de ella se hace en la realidad. El profesor Cannan desarrolla su definición en estrecha yuxtaposición con el examen de "Las condiciones fundamentales de la riqueza para el hombre aislado y para la sociedad";(17) en conexión con ese examen usa de hecho su concepto de lo que es y no es económico. Puede sugerirse que no es accidental que, si la aproximación al análisis económico se hace desde este punto de vista, la definición "materialista", como podemos llamarla, alcanza el máximo de su admisibilidad. Esto requiere una justificación un tanto detallada.
El profesor Cannan principia por contemplar las actividades de un hombre completamente aislado de la sociedad, e investiga qué condiciones determinarán su riqueza, es decir, su bienestar material. En esas condiciones una división de actividades en "económicas" y "no económicas" -actividades que encaminan a aumentar el bienestar material y actividades encaminadas a incrementar el bienestar no-material- es en cierta forma admisible. Robinson Crusoe busca su bienestar material o "económico" si cultiva patatas; sus actividades tienen un carácter no-económico si charla con el loro. Aquí surge una dificultad sobre la cual volveremos después; pero prima facie, es claro que en este sentido la distinción no resulta ridícula.
Mas supongamos que se rescata a Robinson y que de regreso en su país sube al tablado a charlar con el loro como medio de ganarse la vida. Es indudable que, en estas condiciones, esas charlas tienen un aspecto económico. Los ingresos y gastos de Crusoe pueden exponerse en función de las categorías económicas fundamentales lo mismo que gaste su paga en patatas o en filosofía.
El profesor Cannan no se detiene a investigar si su distinción resulta útil en el análisis de una economía de cambio, aunque, después de todo es aquí en donde las generalizaciones económicas tienen la utilidad práctica máxima. En lugar de eso, pasa en seguida a considerar las "condiciones fundamentales de la riqueza" de la sociedad considerada como un todo, independientemente de si está organizada sobre la base de la propiedad privada y del libre cambio o no. Y aquí, de nuevo, su definición se hace admisible: una vez más la suma de actividades sociales puede agruparse en la doble clasificación que supone. Algunas actividades se consagran a conseguir el bienestar material, otras no. Así, por ejemplo, imaginamos que las autoridades ejecutivas de una sociedad comunista deciden cuánto tiempo de trabajo se dedica a la producción de pan y qué tanto a la instalación de circos.
Pero el procedimiento, aun en este caso, y en el de Robinson, está expuesto a una objeción que de seguro será aplastante. Aceptemos el uso que el profesor Cannan hace de los términos "económico" y "no-económico" como equivalentes de lo que, respectivamente, conduce al bienestar material y al no-material. Entonces podemos decir con él que la riqueza de una sociedad será mayor cuanto mayor la proporción de tiempo que se dedique a la consecución de fines materiales y menor la dedicada a propósitos inmateriales. Podemos sostenerlo; pero debemos admitir también que usando la palabra "económico" en un sentido perfectamente normal, queda todavía un problema económico, tanto para la sociedad como para el individuo, el de optar entre esas dos clases de actividades: un problema de cómo habrán de dividirse las veinticuatro horas del día entre esas actividades, dadas las valoraciones relativas del producto y del ocio, y las oportunidades de producción. Resta todavía el problema económico de decidir entre lo "económico" y lo "no-económico". La mitad de uno de los principales problemas de la Teoría de la Producción queda fuera de la definición del profesor Cannan.
¿No es éste un argumento bastante para justificar su abandono?(18)
§ 3. ¿Hacia dónde, pues, volver la cara? La situación no es en manera alguna desesperada.
Nuestro examen crítico de la definición "materialista" nos ha conducido a un punto desde el cual es posible proseguir en seguida a formular una definición inmune a todas estas censuras.
Volvamos al caso más simple en que encontramos impropia esa definición: el del hombre aislado cuyo tiempo se divide entre la producción de un ingreso real y el placer del ocio. Acabamos de ver que puede decirse legítimamente que semejante división tiene un aspecto económico. ¿ En qué consiste éste?
La respuesta la encontramos al exponer las condiciones precisas que hacen necesaria esa división. Son cuatro. En primer lugar, el hombre aislado necesita tanto el ingreso real como el ocio. En segundo, de ninguno tiene lo bastante para satisfacer plenamente su necesidad de uno y de otro. En tercero, puede consumir su tiempo en aumentar su ingreso real o en prolongar su ocio. En cuarta, y salvo en casos muy excepcionales, puede presumirse que será diversa su necesidad de los diferentes elementos constituyentes de su ingreso real y de su ocio. Por consiguiente, tiene que elegir. Tiene que economizar. La disposición de su tiempo y de sus recursos guarda una relación con su sistema de necesidades y, por ello, ofrece un aspecto económico.
Este ejemplo es típico de todo el campo de los estudios económicos.
Las condiciones de la existencia humana ofrecen cuatro características fundamentales desde el punto de vista del economista.
Los fines son múltiples, el tiempo y los medios para lograrlos son limitados y capaces de una aplicación optativa. Al mismo tiempo, los fines tienen una importancia diversa.
Henos aquí, criaturas conscientes, con mazos de deseos y aspiraciones, con haces de tendencias instintivas, urgiéndonos todos a la acción de modos diversos. Pero el tiempo en que estas tendencias pueden alcanzar su expresión es limitado. El mundo externo no ofrece oportunidades cabales para su logro completo. La vida es corta. La naturaleza es mezquina. Nuestros semejantes tienen otros propósitos. Y, sin embargo, nuestras vidas pueden consagrarse a la realización de cosas diferentes; nuestros bienes y los servicios de otros, a lograr diversos objetivos.
Ahora bien, al economista no le interesa necesariamente la multiplicidad misma de los fines. Si deseo hacer dos cosas y dispongo de tiempo bastante y de muchos medios para hacerlas y no requiero ni el tiempo ni los medios para hacer otra, entonces mi conducta no toma ninguna de esas formas que constituyen el objeto de la Ciencia Económica. El nirvana no es, por fuerza, la única bienaventuranza. Es tan sólo la satisfacción completa de todas las exigencias.
Tampoco la mera limitación misma de los medios es suficiente para dar nacimiento a fenómenos económicos. Si los medios de satisfacción no son susceptibles de un uso optativo, pueden entonces ser escasos, pero no pueden ser económicos. El maná que llovió del cielo puede haber sido escaso; pero no fue una actividad con un aspecto económico si fué imposible aplazar su uso o cambiarlo por otra cosa.(19)
El hecho de que los medios escasos de que se dispone sean susceptibles de una aplicación opcional tampoco es una condición cabal de la existencia de fenómenos como los que estamos analizando. Si el sujeto económico tiene dos fines igualmente importantes y un solo medio de satisfacerlos, su situación será semejante a la del perro de la fábula, paralizado ante dos tortas igualmente atractivas.(20)
Mas la conducta toma por necesidad la forma de una elección cuando el tiempo y los medios de lograr determinados fines son limitados y capaces de aplicarse optativamente y cuando los fines son susceptibles de distinguirse entre sí en un orden jerárquico de importancia.
Todo acto que requiere tiempo y medios escasos para lograr un fin, supone la renuncia a usarlos para alcanzar otro fin. Por tanto, ese acto tiene un aspecto económico.(21)
Si necesito pan, sueño y el tiempo de que dispongo no me permite lograr cuanto necesito de ambos, entonces quedará insatisfecha una parte de mis necesidades de pan y de sueño. Si durante mi existencia, que es limitada, quiero ser filósofo y matemático, pero mi capacidad para adquirir conocimientos no me permite lograr ambas cosas plenamente, entonces debo renunciar a una parte de mi deseo de ser competente en filosofía o matemáticas, o a ambos.
Ahora bien, no todos los medios para lograr los fines humanos son limitados. En el mundo exterior existen cosas tan relativamente abundantes que el uso de unas cuantas unidades para un fin no supone renunciar a otras unidades para otro. El aire que respiramos es un ejemplo de esos bienes "gratuitos". El hecho de que necesitemos aire no nos impone, salvo en circunstancias muy especiales, ningún sacrificio de tiempo o de recursos. La pérdida de un metro cúbico de aire no supone el sacrificio de otras cosas. Las unidades de aire no tienen un significado concreto para nuestra conducta. Por eso es concebible la existencia de seres vivientes cuyos "fines" sean tan limitados que todos los bienes resulten para ellos "gratuitos", es decir, sin importancia específica.
Pero en general, la actividad humana, con su multiplicidad de objetivos, no goza de esta independencia de tiempo y de recursos específicos. El tiempo de que disponemos es limitado: el día sólo tiene veinticuatro horas. Tenemos, pues, que elegir las actividades a desarrollar en esas horas. Los servicios que otras personas ponen a nuestra disposición son limitados. También lo son los medios materiales de lograr esos fines. Nos arrojaron del Paraíso. Nuestra vida no es eterna ni disponemos de medios ilimitados de satisfacción. Hacia cualquier parte que volvamos, si optamos por una cosa, debemos renunciar a otras, a las que en circunstancias diversas no habríamos querido renunciar.
La escasez de los medios para satisfacer fines de importancia variable es casi una condición omnipresente de la conducta humana.(22)
En esto estriba, pues, la unidad temática de la Ciencia Económica: las formas que reviste la conducta humana al disponer de medios que son escasos.
Los ejemplos que hemos examinado están en armonía perfecta con esta concepción. Tanto los servicios de la cocinera como los del cantante son limitados en relación con la demanda y son susceptibles de usos distintos. Esta nueva definición abarca en su integridad a la teoría de los salarios.
Igual puede decirse de la economía política de guerra. La conducción satisfactoria de la guerra supone por necesidad desviar de otros usos bienes y servicios escasos. De ahí que presente un aspecto económico.
El economista estudia la distribución de medios que son escasos. Se interesa en la forma en que los diversos grados de escasez de los diferentes bienes originan distintos coeficientes de valuación entre ellos, y en la forma en que los cambios en las condiciones de escasez afectan a esos coeficientes, ya provengan de modificaciones de los fines o de los medios, de la demanda o de la oferta.
La Economía es la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tienen diversa aplicación.(23)
§ 4. Es importante advertir de una vez ciertas deducciones que pueden derivarse de esta concepción.
La que rechazamos, la que considera a la Ciencia Económica como el estudio de las causas del bienestar material, puede considerarse como una concepción clasificadora. Separa ciertos tipos de conducta humana -la que se encamina a conseguir el bienestar material- considerándolos como el objeto de la Economía. Los otros quedan fuera de sus investigaciones. La concepción que hemos adoptado puede llamarse analítica. No intenta escoger ciertos tipos de conducta, sino que enfoca su atención a un aspecto particular de ella, el impuesto por la influencia de la escasez.(24) De esto se concluye, por consiguiente, que todo tipo de conducta humana cae dentro del campo de las generalizaciones económicas en la medida en que presenta ese aspecto. No decimos que la producción de patatas es una actividad económica y que no lo es la producción de la filosofía. Más bien decimos que tiene un aspecto económico cualquier tipo de actividad en la medida en que supone la renuncia de otras cosas. La Ciencia Económica no tiene más límites que ése.
Algunos escritores, no obstante, si bien rechazan la concepción de la Economía como ciencia cuya preocupación es el bienestar material, han procurado imponer a su campo una restricción de otra naturaleza. Han insistido en que la conducta que concierne a la Economía es en esencia un cierto tipo de conducta social: la que suponen las instituciones de una economía individualista de cambio. Según este punto de vista, la que no es concretamente social en este sentido preciso, no es materia de la Economía. El profesor Amonn, en particular, ha dedicado esfuerzos casi infinitos a elaborar esta concepción.(25)
Ahora bien, puede admitirse sin reserva que la atención de los economistas, dentro del ancho campo de nuestra definición, se enfoca principalmente sobre las complicaciones de la economía de cambio. La razón de ello es de interés. Las actividades del hombre aislado, como las de la economía de cambio, están sujetas a las limitaciones que consideramos; pero, desde el punto de vista del hombre aislado, el análisis económico es innecesario. Se dan los elementos del problema a la simple reflexión. El examen de la conducta de un Robinson puede ser extraordinariamente ilustrativo como ayuda para estudios más avanzados; mas es obvio que, desde el punto de vista de Robinson, ese examen es extra-marginal. Lo mismo sucede en el caso de una sociedad comunista "cerrada". También la comparación de sus fenómenos con los de una economía de cambio puede ser muy ilustrativa para un economista, pero para sus funcionarios ejecutivos las generalizaciones de la economía carecerán de interés. La posición de ellos será análoga a la de Robinson: su problema económico sería meramente el de aplicar la fuerza productiva a esto o a aquello. Ahora bien, como el profesor Mises lo ha subrayado, dentro de un sistema de propiedad centralizada y control de los medios de la producción, queda excluido por definición el registro que hace un mecanismo de precios y costos de los tirones y resistencias individuales. De esto se deriva, por consiguiente, que las decisiones de las autoridades ejecutivas tienen que ser por fuerza "arbitrarias",(26) es decir, han de basarse en sus estimaciones y no en las de los consumidores y productores. Esto simplifica inmediatamente la forma de la elección. La organización de la producción, a falta de la guía de un sistema de precios, dependerá de las valoraciones del organizador final, de la misma manera que la de una hacienda patriarcal desconectada de una economía monetaria dependerá de las estimaciones que haga el patriarca.
Pero la situación es mucho más complicada en la economía de cambio. Las consecuencias de las decisiones individuales rebasan las repercusiones que tienen sobre el individuo: puede uno darse cuenta cabal de las consecuencias para uno mismo de la decisión de gastar dinero en una forma y no en otra. Mas no es fácil seguir los efectos de esa decisión sobre todo el complejo de las "relaciones de escasez" sobre los salarios, las ganancias, los precios, el ritmo de capitalización y la organización de la producción. Por el contrario, se requiere un esfuerzo extremo del pensamiento abstracto para idear generalizaciones que nos permitan entenderlos. Por esta razón, el análisis económico es más útil en una economía de cambio y es innecesario en una economía aislada. En una sociedad estrictamente comunista, por su razón misma de ser, se ve privado de generalizaciones, excepto de las más simples. En cambio, está a sus anchas cuando en las relaciones sociales se permite al individuo tener una iniciativa independiente.
Pero una cosa es sostener que el análisis económico tiene mayor interés y utilidad en una economía de cambio y otra que su objeto se limita a ese fenómeno. Dos consideraciones pueden demostrar, de manera concluyente, lo injustificado de esta última pretensión. En primer lugar, es claro que la misma limitación de los medios con relación a los fines que condiciona la conducta en una economía de cambio, condiciona también la conducta ajena a ella, razón por la cual la segunda puede incluirse en las mismas categorías fundamentales.(27) Las generalizaciones de la teoría del valor son tan aplicables a la de un hombre aislado o a la de la autoridad ejecutiva de una sociedad comunista, como lo son a la de un hombre que actúa dentro de una economía de cambio, aun sí en los primeros casos no son tan esclarecedoras. Las relaciones de cambios son un incidente técnico, incidente que, ciertamente, da lugar a casi todas las complicaciones interesantes, pero que, a pesar de ello, es subsidiario del hecho fundamental de la escasez.
En segundo lugar, es claro que los fenómenos de la economía misma de cambio sólo pueden ser explicados penetrando esas relaciones e invocando el funcionamiento de esas leyes de la elección que se perciben mejor al observar la conducta de un hombre aislado.(28) El profesor Amonn parece admitir que semejante sistema de economía pura puede ser útil como auxiliar de la Ciencia Económica, aunque él mismo lo excluyese como base del sistema principal postulando que el objeto de la Economía debe definirse en función de los problemas que Ricardo examina. Es admirable la opinión de que una definición debe describir el conjunto actual de conocimientos sin señalar límites arbitrarios; sin embargo, puede preguntarse ¿por qué detenerse en Ricardo? ¿No resulta claro que las imperfecciones del sistema ricardiano se deben justamente a la circunstancia de que se detuvo en las estimaciones del mercado sin llegar a las del individuo? ¿El gran mérito de las teorías más recientes del valor no consiste en haber traspasado esa barrera?(29)
§ 5. Por último, podemos volver a la definición que rechazamos y compararla con la que hemos escogido ahora.
A primera vista es posible subestimar la divergencia entre ambas. La una considera como objeto de estudio de la Economía la conducta humana concebida como una relación entre fines y medios, la otra como las causas del bienestar material. Pero ¿acaso no es más o menos la misma cosa hablar de escasez de medios que de causas del bienestar material?
Tal pretensión, empero, descansaría en un equívoco. Es cierto que la escasez de materiales es una de las limitaciones de la conducta; pero no es menos importante la escasez de nuestro propio tiempo y de los servicios de otras personas. La escasez de los servicios del maestro de escuela y de los del pocero tienen, cada una, su aspecto económico. Sólo diciendo que los servicios son vibraciones materiales, o algo por el estilo, se puede estirar la definición para que abarque todo el campo; pero no sólo resultaría deficiente, sino también equívoco. En esa forma la definición puede cubrir todo el campo mas sin describirlo, pues no es la materialidad, aun de los medios materiales de satisfacción, lo que les da su condición de bienes económicos; es su relación con las valoraciones. Lo importante es su relación con determinadas necesidades y no su sustancia técnica. La definición "materialista" de la Economía disfigura, pues, la ciencia como la conocemos. Aun si no nos conduce decididamente a un equívoco en cuanto a su ámbito, deja por fuerza de darnos un concepto adecuado de su naturaleza. No parece haber argumento válido para no rechazarla.
Al mismo tiempo, es importante entender que lo que se ha rechazado no es sino una definición. No rechazamos el conjunto de conocimientos cuya descripción pretendía. El sistema de quienes la han adoptado encaja perfectamente dentro de la otra definición que se ha sugerido. No hay ninguna generalización importante del sistema del profesor Cannan, por ejemplo, que no sea compatible con la definición del objeto de la Economía en función de la disponibilidad de los medios escasos.
Es más, el mismo ejemplo que el profesor Cannan elige para ilustrar su definición encaja mucho mejor dentro del marco de la nuestra. "Los economistas -dice- convendrían que la pregunta ¿Bacon escribió la obra de Shakespeare? no es un problema económico y en que la satisfacción que los creyentes de la criptografía sentirían si eso fuera universalmente aceptado, no sería una satisfacción de carácter económico... Al contrario, convendrían en que la controversia tendría un aspecto económico si los derechos de autor fueran perpetuos y los descendientes de Bacon y de Shakespeare estuvieran disputándose la propiedad de las obras."(30) Exacto. Pero ¿por qué? ¿Porque la propiedad de los derechos de autor supone el bienestar material? Pero todas las regalías pueden ir a parar a asociaciones de beneficencia. Es indudable que la cuestión tiene un aspecto económico simple y sencillamente porque las leyes relativas a la propiedad literaria harían escaso el uso de las obras en relación con la demanda de ellas y a su vez darían a sus propietarios un poder sobre medios de satisfacción escasos que de otra manera se habrían distribuido de modo diverso.
1. Añadiré en seguida algunas definiciones características para que no parezca una exageración, limitándome a la literatura anglosajona, porque, como se verá más tarde, fuera de ella comienza a prevalecer un estado de cosas más satisfactorio. "La Economía es el estudio de la humanidad en los asuntos ordinarios de la vida; examina el aspecto de la acción individual y social que se relaciona más de cerca con el logro y con el uso de las condiciones materiales del bienestar" (MARSHALL, PrincipIes, 1). "La Economía es la ciencia que trata de los fenómenos desde el punto de vista del precio" (DAVENPORT, Econornics of Enterprise, 25; La Economía de la Empresa, Madrid, Aguilar). "El propósito de la Economía Política es explicar las causas generales de las que depende el bienestar material de los seres humanos" (CANNAN, Elementary Political Economy, 1). "Hablar de la Economía como de la ciencia que se preocupa del aspecto material del bienestar humano, es definirla con una amplitud excesiva." La Economía es el estudio de los métodos generales con los cuales los hombres cooperan para satisfacer sus necesidades materiales" (BEVERIDGE, "Economics as a Liberal Education", Economica, I, 3). La Economía, según el profesor Pigou, es el estudio del bienestar económico y éste, a su vez, se define como "la parte del bienestar que puede ponerse en relación directa o indirecta con la vara de medir del dinero" (Economics of Welfare, 3ª ed., 1; La Economía del Bienestar, Madrid, Aguilar). Se irá viendo, en lo que sigue, la gran divergencia que ofrecen las inferencias de cada una de estas definiciones.
2. Unsettled Questions of Political Economy, 120.
3. "Nicht die sachlichen Zusammenhänge der 'Dinge' sondern die gedanklichen Zusammenhänge der Probleme liegen den Arbeitsgebieten der Wissenschaften zugrunde" (MAX WEBER, Die Objectivität sozialwissenschaftlicher und sozialpolitischer Erkenntnis, Gesammelte Aufsätze zur Wissenschaftslehre, 166).
4. Ver CANNAN, Repaso a la Teoría Económica [México: Fondo de Cultura Económica, 1940], 1-31, y SCHUMPETER, Epochen der Methoden- und Dogmengeschichte, 21-38.
5. Ver cap. II, § 5, especialmente la nota de la p. 69, para una mayor elaboración de este punto.
6. Wealth (1ª ed.), 17.
7. Principles (8ª ed.), 1.
8. Cours d'Économie Politique, 6.
9. Essentials of Economic Theory, 5. Ver también Philosophy of Wealth, cap. I. Las dificultades que se examinan después se reconocen explícitamente en ese capítulo; pero, con gran asombro, en lugar de que conduzca a rechazar la definición, conduce apenas a un intento un poco extraño de cambiar el significado de la palabra "material".
10. Ver, no obstante, el capítulo siguiente para un examen de la validez de esta interpretación.
11. A este respecto quizás valga la pena aclarar una confusión que no sin frecuencia ocurre en las discusiones de terminología. A menudo se afirma que las definiciones científicas de las palabras empleadas, tanto en lenguaje ordinario como en el análisis científico, no debieran diferir del uso diario de esas palabras. Sin duda es un consejo muy bueno y en principio debe ser aceptado. Es cierto que se crea una gran confusión cuando una palabra se usa en un sentido dentro de la práctica de los negocios, y en otro en el análisis de esa práctica. Basta pensar en las dificultades que han creado esas divergencias respecto del significado del vocablo capital. Pero una cosa es seguir el uso diario cuando se adopta un término y otra pretender que el lenguaje ordinario es la corte suprema de apelación cuando se define una ciencia, pues, en este caso, el sentido importante de la palabra es el objeto de las generalizaciones de la ciencia. Y sólo refiriéndose a éstas puede establecerse finalmente la definición. Cualquier otro procedimiento sería intolerable.
12. CANNAN, An Economist's Protest, 49.
13. Wealth of Nations (ed. Cannan), 315.
14. Teorías de la Producción y Distribución, 33-46, y Repaso a la Teoría Económica, 41-43 [México: Fondo de Cultura Económica, 1940 y 1942].
15. Aun podría afirmarse que la reacción ha ido demasiado lejos. La clasificación de Smith, cualesquiera que sean sus inconvenientes, tuvo una importancia para la teoría del capital que en los últimos tiempos no siempre ha sido reconocida con claridad. Ver TAUSSIG, Wages and Capital, 132-51.
16. The Nature of Capital and income, VII.
17. Este es el título del cap. II de Wealth (1ª ed.).
18. Hay otras querellas que podríamos escoger con esta definición. La expresión "bienestar material" es estrambótica desde un punto de vista filosófico. Podría admitirse la de "causas materiales del bienestar"; pero "bienestar material" parece suponer una división de los estados mentales que, por esencia, son unitarios. Para los propósitos de este capítulo, sin embargo, parece mejor ignorar estas deficiencias y concentrarse en la cuestión principal, a saber: si la definición puede de algún modo describir el contenido al cual se le pretende aplicar como un marbete.
19. Quizá valga la pena subrayar la importancia de esta limitación. La aplicación de medios técnicamente similares para la consecución, en épocas diferentes, de fines cualitativamente similares da lugar a usos optativos de estos medios. Se pasaría por alto uno de los tipos más importantes de acción económica si no se entendiera así con claridad.
20. Parece éste un refinamiento innecesario; por esa razón no lo incorporé en la primera edición de este Ensayo. Pero la condición de que exista una jerarquía de fines es tan importante en la teoría del valor, que parece mejor exponerla explícitamente aun a estas alturas. Ver cap. IV, § 2.
21. Cp. SCHOENFELD, Grenznutzen und Wirtschaftsrechnung. 1; Hans MAYER, "Untersuchungen zu dem Grundgesetze der wirtschaftlichen Wertrechnung" (Zeitschrift für Volkswirtschaft und Sozialpolitik, 2, 123).
Debiera ser bastante claro que el "tiempo" como tal no es escaso, sino más bien nuestras potencialidades consideradas como instrumentos. Hablar de escasez de tiempo es simplemente una forma metafórica de invocar este concepto un tanto abstracto.
22. Debiera ser claro que no existe oposición entre el concepto de fin empleado aquí -el término de formas especiales de la conducta en actos de consumo final- y el concepto implícito cuando se dice que sólo existe un fin de la actividad: la elevación al máximo de la satisfacción, "utilidad", o lo que sea. Nuestros "fines" han de considerarse como los inmediatos anteriores a la consecución de este fin final. No todos ellos podrán lograrse si los medios son escasos de modo que habrá que renunciar a alcanzar algunos fines de acuerdo con la importancia relativa que ellos tengan y según la escasez de los medios.
23. Cp. MENGER, Grundsätze der Volkswirtschaftslehre, 1ª ed., 51-70; MISES, Die Gemeinwirtschaft, 98 SS.; FETTER, Economic PrincipIes, I; STRIGL, Die Okonomischen Kategorien und die Organisation der Wirtschaft, passim; MAYER, op. cit.
24. Ver el artículo de Irving FISHER, "Senses of Capital" (Economjc Joumal, VII, 213), para la distinción entre definiciones analíticas y clasificadoras. Es interesante hacer notar que el cambio de la concepción de Economía que supone nuestra definición es similar al de la concepción de capital que supone la definición del profesor Fisher. Adam Smith definía el capital como un género de riqueza; el profesor Fisher nos lo haría considerar como un aspecto de la riqueza.
25. Ver su Objekt und Grundbegriffe der theoretischen Nationalökonomie, 2ª ed. Las críticas de Schumpeter y de Strigl, en las pp. 110-125 y 155-156, son particularmente importantes desde este punto de vista. Con el mayor respeto por el agotante análisis del profesor Amonn, no puedo resistir la impresión de que se inclina a exagerar el grado de divergencia entre la actitud de esos dos autores y la suya.
26. Ver MISES, Die Gemeinwirtschaft, 94-138. En su Economic Planning in Soviet Russia, el profesor Boris Brutzkus ha señalado muy bien la forma en que las diversas fases del experimento ruso han ejemplificado esta dificultad.
27. Ver STRIGL, ob. cit., 23-28.
28. El rechazo de la Economía a la Robinson que hace el profesor CASSEL en Pensamientos fundamentales en la economía [México: Fondo de Cultura Económica 1941], parece desafortunado, pues sólo cuando se examinan las condiciones en que vive el hombre aislado salta con claridad a la vista la importancia del requisito de que los medios escasos tengan usos optativos para que haya actividad económica, requisito ése que ya se subrayó. En una economía social cualquiera, la mera multiplicidad de los medios económicos nos conduce a menospreciar la posibilidad de que existan bienes escasos sin usos optativos.
29. Las objeciones esbozadas antes, que se presentan a la definición sugerida por el profesor Amonn, debieran bastar para indicar la naturaleza de las que se hacen a las definiciones en función de fenómenos vistos a través del precio (Davenport), de la susceptibilidad a la "medición con la vara de medir del dinero" (Pigou), o de la "ciencia del cambio" (Landry, etc.). El profesor SCHUMPETER, en su Wesen und Hauptinhalt der theoretischen Nationalökonomie, ha intentado vindicar, con una sutileza inolvidable, la última definición demostrando que es posible concebir que todos los aspectos fundamentales de la conducta íntimamente relacionada con la Ciencia Económica adopten la forma del cambio. Puede admitirse sin dificultad que esto es conecto y que encierra una verdad fundamental para un entendimiento certero de la teoría del equilibrio; pero una cosa es generalizar la noción del cambio como una construcción y otra usarla en este sentido como un criterio. No se discute que puede funcionar en esta forma; pero ciertamente sí que esclarezca al máximo la naturaleza final del objeto de estudio de la Economía.
30. Wealth (1ª ed.), I.
